Administrando el conflicto y algo sobre el Tren Maya – Desde el Rincón

Inosente Alcudia Sánchez

El presidente López Obrador ha conducido su gobierno anclado a una estrategia de administración del conflicto. Es probable que en lo que va del sexenio los mexicanos hayamos escuchado muy poco, o nada, sobre muchos aspectos de la administración pública federal y que, en cambio, nos hayamos enterado de las diatribas mañaneras contra los supuestos enemigos de la cuarta transformación. Como hemos visto en estos casi cuatro años, la estrategia ha funcionado al otorgar al presidente altos niveles de popularidad, a pesar de los resultados poco favorables obtenidos hasta ahora en algunos de sus programas prioritarios.

Empero, mantenerse en un pleito constante y prolongado, tiene sus inconvenientes. Para que la estrategia mediática no pierda efectividad, hay que renovar periódicamente las causas del conflicto y, también, el rostro y los atributos de los antagonistas. Así, la polarización adquiere una forma de espiral en la que los adversarios son cada vez más poderosos y amenazan con renovado vigor las causas de la transformación. Para mantener la atención del público general y estimular el respaldo de sus leales, desde el inicio de su mandato, el presidente ha cultivado una narrativa épica en la que él se ha investido del héroe que, cual caballero andante, ha combatido las fuerzas oscuras del pasado que se resisten a aceptar el nuevo orden.

En esta lógica, parece que nos acercamos a lo más alto en la escalada de las colisiones. Y es que hay bastante diferencia entre el supuesto “complot” que en su momento atribuyeron a los padres de los niños con cáncer que denunciaron la falta de medicamentos, o enemigos como los intelectuales y las feministas, por ejemplo, a declarar que el gobierno de USA está boicoteando el proyecto del Tren Maya y, peor aún, que pretende violar nuestra soberanía usando como ariete el T-MEC. En efecto, parece bastante difícil que el presidente encuentre un adversario más formidable que el gobierno de la principal potencia mundial, la cual encarna en el inconsciente colectivo nacional “el extraño enemigo” que alguna vez profanó con sus plantas el suelo patrio y nos propinó el “gran zarpazo” que mutiló el territorio del país. Esta confrontación, que se origina en un diferendo estrictamente legal-comercial, puede permitirle a AMLO remover el orgullo patrio y sacar al soldado que en cada hijo tiene la patria, a fin de incrementar sus volúmenes de adeptos. Por eso, para acrecentar las expectativas y nutrir la discusión pública, anunció que será hasta el 16 de septiembre cuando fije su posición política sobre este diferendo. Sí, el presidente ya está administrando este conflicto para tratar de exprimirle la máxima utilidad para su causa política y electoral.

Comparto la preocupación de la mayoría de los analistas que he leído hasta ahora: elevar una diferencia derivada del incumplimiento de un acuerdo comercial a rango de confrontación política entre gobiernos, imponer la ideología sobre el interés nacional, puede llegar a significar un enorme riesgo para el país, para su economía, para sus posibilidades de desarrollo. Y como no hay enemigo más poderoso en el horizonte, atestiguaremos un conflicto de largo aliento: mientras los funcionarios y técnicos se ocupan de la controversia jurídica, el presidente administrará, explotará y prolongará el discurso anti yanqui hasta el 2024. Es probable que alentar el nacionalismo patriotero que nos hace corear “viva México” la noche del 15 de septiembre, le reditúe al partido del presidente alguna cosecha electoral. Hagamos votos para que este litigio no le resulte demasiado oneroso al país y no lastime a nuestro sector exportador.

Claro, la oposición a la 4T puede intentar desmantelar la narrativa nacionalista (el diferendo no tiene que ver con la soberanía ni con el dominio de la nación sobre el petróleo), pero andan tan faltos de ideas que no se ve cómo puedan armar un contra discurso que no los arrincone en la esquina de los llamados “vende patria”. Sin embargo, algo deberían intentar: en las campañas electorales por venir, Morena se subirá al discurso patriotero presidencial, por lo que la disputa ideológica -y por los votos- probablemente incluya la defensa del T-MEC o su desaparición. El caso es que hoy, coincidiendo con Epigmenio Ibarra, la oposición está sin ideas ni propuestas, sin un programa político y sin dirigentes capaces de convencer a la población, y tan solo a la espera de que las catástrofes, o un milagro (agrego yo), le hagan el trabajo y le arrebaten a Andrés Manuel López Obrador su base social.

Del Tren Maya

Los exabruptos del presidente López Obrador para descalificar a quienes cuestionan la factibilidad del Tren Maya y, en estos días, contra las organizaciones y personas que han interpuestos amparos para detener la construcción en el tramo 5, se están convirtiendo en fuegos fatuos. Cierto que son estridentes los calificativos, pero el tema no es un concurso de insultos o descalificaciones, sino de prevalencia de la ley y de respeto a eso que llaman Estado de Derecho. De manera que, al paso de los meses, el discurso presidencial se ha ido desgastando y, en los últimos días, ha tenido que acusar hasta la intervención del gobierno de USA en el tema de los amparos otorgados a los ambientalistas. Lamentablemente, desde su inicio este proyecto ha sido ave de tempestades: la falta de estudios sobre sus impactos ambientales y sus factibilidades, las modificaciones al trazo de las vías, el desmesurado incremento en su costo, la innegable improvisación en su construcción, la falta –en fin- de un plan maestro, han propiciado cuestionamientos, críticas, conflictos y amparos que, se advierte, han exasperado al presidente, obligándolo a exhibir un lamentable talante autoritario. Veremos si el Poder Judicial es capaz de contener esa declaratoria de “seguridad nacional”, con la que sólo se evidencian la ilegalidad y la improvisación que desafortunadamente caracterizan la construcción del Tren Maya. Y faltan los amparos de los tramos 6 y 7, tan sensibles ambiental y culturalmente como el controvertido tramo 5.