A echar bala

Pareciera que “estalló la guerra”: México registró un aumento de más del 200 % en la de compraventa de armas en los últimos 10 años.

Según los últimos estudios realizados, hay entre los habitantes de este país una percepción directamente proporcional entre la inseguridad, la violencia y la ausencia de impartición de justicia con el aumento exponencial en la compra venta de armas, es decir que la ecuación del miedo, la corrupción de los jueces, la coerción de los cuerpos policiacos ha llegado a un límite muy peligroso, es un cocktail que fácilmente nos puede llevar a un levantamiento social, hemos visto ya muchos casos de linchamientos como el famoso “asaltante de la combi” que se repite constantemente.

En qué momento llegamos los mexicanos a tenerles más miedo a los policías que a los criminales a quienes estamos enfrentando, haciendo justicia con nuestra propia mano, con la ley del Talión, cada día es más frecuente verlo en redes sociales.

Ante la complicidad demostrada reiteradamente de la policía y la indiferencia e incapacidad de las autoridades que están obligadas a generar paz y tranquilidad, el planteamiento de algunos líderes de opinión, inclusive defensores de los derechos humanos, es el necesario paso a la propuesta de “ley para la legítima defensa”, es decir, la portación de armas para la protección de tu persona, tu familia y tus bienes; desde luego no aplicaría para todo el país, ni para toda la gente, la propuesta permite un estudio de riesgo en ciudades como Cancún, Playa del Carmen, Tijuana, Acapulco, sólo por mencionar algunas, así como estudios de salud física y mental de quienes soliciten la portación. Ya hemos visto miles de casos en los que quienes legítimamente se defienden a sí mismos o a sus familias porque sufren brutales atentados contra su seguridad y sus vidas terminan en la cárcel, creemos que injustamente. Muchos piensan que hay una abismal diferencia entre la seguridad, tanto para las personas como para sus bienes y negocios en Yucatán, respecto a Quintana Roo, donde el pan de cada día son los secuestros, las ejecuciones, los descuartizados, los embolsados, los asaltos a negocios, las violaciones, etcétera.

En materia de armas y portación existe una muy estricta regulación a través de la Sedena, pero en un contexto de inseguridad pública en ascenso, la comercialización legal de armas de fuego –monopolizada por el Estado– compite con el mercado negro.

Aunque no existen cifras exactas sobre el número de armas de fuego ilegales a nivel nacional, la Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos de Estados Unidos (o ATF por sus siglas en inglés) estima que al año ingresan a México más de 200 mil unidades ilícitas. Las armas de fuego son un peligro real en México, pero también se está convirtiendo en una necesidad básica para la protección de lo que uno más ama, que es la familia; quienes se oponen dicen que las armas implican daños por accidentes, imprudencia o negligencia e inclusive aumento de la delincuencia.

Cada hora son cometidos 11 delitos a punta de cañón y las cifras apuntan que el armamento en manos de civiles es tal que si fuera repartido equitativamente entre la población, habría 25 personas armadas por cada elemento de seguridad, incluidos policías, militares y miembros de la Guardia Nacional.

Como diría doña Esa: “Yo Chuli, estoy a favor, como están las cosas en México las armas ya son un producto imperativo, la gente que se opone es porque vive en Bavaria, ¡vamos a echar bala! Viva la promesa fallida de la pacificación de México”. ¡Viva Cristo Rey!

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