9N: EL DÍA QUE LA INDIGNACIÓN TOMÓ LAS CALLES

9N: EL DÍA QUE LA INDIGNACIÓN TOMÓ LAS CALLES

Quedará marcado en la historia de Cancún como el día de la intolerancia a la libre manifestación

TEXTO Y FOTOS: SALVADOR CANTO

 

El lunes 9 de noviembre de 2020 quedará marcado en la historia de Cancún como el día de la intolerancia policiaca a la libre manifestación; los diversos grupos de activistas la han denominado el “9N” que evidencia la crisis más fuerte de derechos humanos que en décadas no se había dado en Quintana Roo.

Pero además, se le recordará como el día cuando una protesta pacífica por el feminicidio de la joven Bianca Alejandrina Lorenzana Alvarado, de un momento a otro se vandalizó y se salió de control bajo el pretexto de un hartazgo ciudadano en contra de las autoridades por su indiferencia y la gran impunidad ante el incremento de los hechos delictivos en contra de las mujeres en Quintana Roo.

La convocatoria para ese día era clara: salimos a acompañar a los familiares, amistades y compañeros de Alexis, con franca indignación y exigiendo acciones concretas.

Pero además, se pidió que los asistentes vistieran ropa negra, llevaran levadoras, así como el uso obligatorio de cubrebocas; el punto de reunión era a las afueras de la Fiscalía General de Quintana Roo en Cancún, al igual que en las sedes de Playa del Carmen y Chetumal, a partir de las 17 horas.

Se anunció como la primera de tres manifestaciones, mismas que serían distintas cada día, al grado de que se advirtió que la “fuerte” sería para el día 25, para la cual incluso se pidió no llevar a niños, en virtud de que al no haber respuesta de las autoridades habría una reacción más enérgica en los reclamos ciudadanos. La segunda se anunció para el domingo 15.

Sin embargo, todo se dio desde la primera manifestación en Benito Juárez donde hubo la mayor concentración en virtud de ser el lugar en donde ocurrieron los hechos del caso de la joven Bianca que originaron las protestas y tras varios minutos de expresiones y exigencias para que haya justicia en las afueras de la dependencia estatal, de pronto la movilización dio un giro y comenzaron los actos vandálicos que desbordaron en una furia de impotencia de decenas de manifestantes que no sólo grafiteó la fachada del edificio judicial, sino además, destrozó el letrero, rompió el cristal blindado del área de la caseta e incendiaron lonas en el acceso principal, arrojaron piedras, pedazos de viguetas, palos, una caseta telefónica (de monedas) que arrancaron junto a señalizaciones viales e incluso vallas metálicas que tomaron del predio contiguo a la fiscalía.

Parecía que ahí se concentraría todo y la furia de algunos manifestantes –pues no todos participaron en estos actos vandálicos– terminaría ahí, sin respuesta de las autoridades que hasta ese momento habían soportado los ataques pese a que la zona estuvo resguardada por elementos de tránsito y de seguridad pública que estuvieron a distancia.

Todo lo ocurrido, de cierta manera, reflejaba el hartazgo ciudadano por la falta de acciones para frenar los feminicidios y ante tal apatía de la autoridad, que no dio la cara pues no hubo nadie que recibiera a una comisión de los manifestantes como se pretendió en un principio, minutos antes de las siete de la noche de ese lunes “9N” se corrió la voz para que el contingente enfurecido se desplazara hacia el Ayuntamiento.

Tampoco hubo autoridad que se acercara y el contingente llegó alrededor de las 19:35 horas y un grupo de ellos, de inmediato procedió a vandalizar el edificio del Palacio Municipal, pintarrajearon las paredes con aerosol, incluso el busto de Benito Juárez, rompieron cristales de varias oficinas y procedieron a quemar algunas cajas con documentos.

Repentinamente y en medio de todo el alboroto, a “algún” jefe policiaco se le ocurrió dar la orden de dispersar con disparos la manifestación y algunos elementos obedecieron no sólo con balas de goma, sino con proyectiles reales que hirieron a los reporteros Cecilia Solís y Roberto Becerril –en una pierna y un hombro, respectivamente– quienes cubrían la manifestación.

Durante los disparos todo fue confusión, se pudo observar a gente de civil apoyando a los uniformados y atacando a golpes a los civiles, incluso a los representantes de la prensa, lo que demostró la falta de estrategia y nulo tacto político de las autoridades para atender de mejor manera la situación, pues además retuvo con violencia a varios de los manifestantes, principalmente mujeres que acusan que fueron objeto de abuso sexual por parte de los policías al manosearlas durante las detenciones.

Lizzy Santoyo, una de las activistas, refiere que si bien hubo actos vandálicos de algunos manifestantes, fue clara al explicar que “las paredes se pintan, las cosas se arreglan, pero nadie traerá de vuelta con vida a ‘Alexis’ (Bianca) ni a las otras dos mujeres asesinadas esta semana en el estado, ya estamos hartas de vivir aterradas, de temer hasta los huesos por nuestras hermanas, nuestras amigas y nuestras hijas, hartas de la violencia machista (sic)”.

Familiares y amigos de manifestantes que fueron retenidos por la policía, como el caso del maestro Julián Ramírez, acusan que están en busca de justicia, pues desde que ocurrieron los hechos de la manifestación del 9N, “nos posponen citas  y no nos permiten declarar a una de las víctimas e incluso el personal de la Comisión Ejecutiva de Víctimas de Quintana Roo nos dejaron plantados sin el defensor que se habían comprometido a enviarnos y en la Fiscalía nos han estado dando vueltas y eso refleja que el sistema de justicia es una vergüenza y genera la impunidad asesina en este Estado”.

Ante el desatino de lo que aparenta ser una contraorden a lo pedido por el gobernador, que fue de no agredir a los manifestantes, las autoridades determinaron destituir al director de la Policía de Cancún, Eduardo Santamaría, y al día siguiente se dio la separación –y no destitución– de Alberto Capella Ibarra como responsable del Mando Único en el Estado.

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